Hay momentos en los que no pienso. No calculo, no mido, no analizo. Solo observo. Me dejo llevar por lo que siento, por lo que vibra en mí cuando camino por Girona, cuando la luz cae justo donde debe, cuando una sombra me susurra que ahí hay algo que merece ser detenido.
No uso automatismos. Ni en la cámara ni en mi forma de mirar. Aprendí con una Yashica manual, revelando en casa, equivocándome muchas veces. Y eso me enseñó que la fotografía no es solo técnica: es intuición, es impulso, es corazón.
La imagen que no planeé
La foto de la escalera entre dos edificios, con las mesas vacías y la luz acariciando la piedra… no la busqué. Me encontró. Estaba caminando, sin rumbo, y algo me hizo parar. No fue la composición, ni el color, ni la simetría. Fue una sensación. Algo me dijo: “Aquí hay algo”. Y disparé.
Luego, al revelarla, entendí por qué. La textura, la atmósfera, el silencio. Todo estaba ahí. Pero en el momento, no lo pensé. Lo sentí.
La experiencia hace el resto
Después de tantos años, mi ojo ya sabe lo que busca. Pero no lo racionaliza. No hay fórmulas. Hay momentos. Y cuando el corazón toma el control, la cámara solo obedece. No necesito que el visor me dé certezas. Me basta con la intuición.
El color como nuevo lenguaje
Durante años trabajé en blanco y negro. Me sentía cómodo ahí. Pero últimamente, el color ha empezado a hablarme. Me costó, no lo voy a negar. Pero ahora empiezo a entenderlo. No como adorno, sino como emoción. Como atmósfera. Como parte de la historia.
Pensar menos, sentir más
No defiendo la improvisación vacía. Defiendo la mirada libre. Esa que no está atada a reglas, sino a pulsos. A intuiciones. A silencios. Porque cuando fotografío sin pensar, lo que aparece no es una imagen… es una verdad.
Xavier Alejo
Fotógrafo autodidacta
Girona, septiembre de 2025
